No, ella no se ha vestido con la falda corta para provocarte.
Ella tampoco debería tener miedo de ir sola por la calle de noche, y de tener que "avisar cuando llegue".
No, Laura no es una guarra por acostarse con los hombres que ella quiera.
Azahara no debe dar explicaciones de por qué no quiere ser madre.
María no amamanta en público para que tú le mires los pechos.
Ruth no baila en la discoteca para que todos la miren.
Judith no tiene por qué pasar primero por la puerta gracias a la caballerosidad del hombre, ni esperar que él le retire la silla en el restaurante.
Rebeca, que tan sólo tiene cinco añitos, no debe recibir cocinitas ni bebés como práctica para el futuro, para ser una buena mujer.
Esperanza no tiene por qué callar ante los "piropos" que le suelte un desconocido por la calle; no es un alago.
Susana no se ha pintado los labios de rojo putón.
Carlota no se ha "pintado como una puerta" para que tu la mires más.
Estrella, siendo prostituta, no la convierte en tu esclava.
Nerea no tiene por qué darte explicaciones de cómo va vestida; es tu pareja, no es tuya.
Belén ha dicho no, y no ha querido decir que sí.
Belén ha vuelto a decir que no, y tu ya has dejado de ser un hombre.
jueves, 20 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
12 de Octubre, la eterna división
¿Por qué celebramos el 12 de Octubre? ¿Para rememorar el "descubrimiento" de América? ¿Para ensalzar La Hispanidad y lo que significa? ¿Como excusa para no ir a trabajar?
En realidad todo eso... y nada. Últimamente celebramos este día para que defensores y detractores de esta fiesta se tiren los trastos a la cabeza, para seguir infundando odio entre la derecha y la izquierda, entre los que sacan la bandera a pasear con todo el orgullo y los que no, los que se sienten más patriotas por emocionarse al ver al ejército y los que no les interesa.
Ayer se celebró el paraguas de Cifuentes, la no asistencia de Podemitas, el atuendo de la reina, el saludo Rajoy-Susana Díaz, celebramos nimiedades.
Cómo explicar que no es más español el que sube la bandera de España a redes el 12 de Octubre pero el resto del año no contribuye a construir un país mejor; que no se trata de colores ni de telas, que no existe una "españolidad", que todos queremos un país justo y libre. Que es igual de español el de derechas y el de izquierdas; el sargento, el barrendero y el pintor; el alcalde y el indigente, el que ondea la rojigualda y el que lo hace con la tricolor, el catalán y el castellano, el que va a la fiesta y el que no está de acuerdo con ella. Ninguno es más español que otro, aunque dediquéis mucho tiempo a intentar que pensemos lo contrario.
Entended que luchar por tu país, porque los seres que lo habitan lo hagan de la mejor manera posible, fomentar la igualdad en todas sus expresiones, las libertades, y la justicia, también es ser patriota, y amar tu patria.
Y es que esta fiesta no sólo se cimienta sobre un hecho histórico un tanto escabroso y que cambió el rumbo de todo un continente para el interés de un imperio déspota, etnocéntrico y racista, sino que también se basa en una idea tomada de la dictadura sobre unos supuestos valores patrios superiores y de tintes imperialistas. Dónde quedó aquella idea de Hispanidad prefranquista basada en el hermanamiento de las repúblicas de habla hispana, de fraternidad entre pueblos y de lucha por la paz, después de una historia de guerras.
Esa es la fiesta que quiero para mi país. Una en la que importe menos la fecha en la que se celebra e importe más el sentido, una fiesta que aporte y no que reste grandes fondos de las arcas públicas.
Una fiesta donde todos se sientan representados, donde no se rivalice, no se odie, y sirva para unirnos y construir un país mejor.
Y recordad que es igual de español el que va al desfile del 12 de Octubre que el que va a una huelga a exigir sus derechos.
sábado, 8 de octubre de 2016
Redes sociales y la excesiva positividad
Las redes sociales se han convertido, en poco tiempo, en el eje de la vida de las personas. Si, digo eje y central. Nos levantamos mirando twitter, hacemos el descanso del trabajo ojeando facebook y nos preparamos un rico y bonito plato para subirlo a instagram y después, si eso, comérnoslo.
Ayer fue el día internacional de la sonrisa, y os invito a todos a que sonriáis, ayer, hoy y cada día, siempre con algún motivo. La sonrisa suele implicar felicidad, despreocupación, alegría o vitalidad al que la desprende, e incluso al que la recibe, como una muestra de agrado.
Pero, ¿por qué mentimos cada día a las personas de nuestro alrededor?. Me refiero a mentir a través de una pantalla, a Whatsapp. Cada día escribimos decenas, centenas de "jajaja" a nuestros amigos y familiares, dando un feedback irreal, dando a entender que nos estamos "muriendo de la risa" y en realidad nuestra cara no ha movido ni un solo músculo, ni lo más mínimo.
Cada día nos vemos bombardeados en redes por mensajes de positividad, de empezar las mañanas bailando, de trabajar sólo alegremente, de dibujar un halo a nuestra vida de felicidad y una cierta pedantería que a mi me tiene sorprendido.
Sorprendido porque son esas mismas personas que después te encuentras por la calle y no paran de quejarse sobre su vida, sobre sus trabajos, sus sueldos, sus rutinas y sus fines de semana vacíos. Y es curioso, te los imaginas tirando el despertador cada mañana con una mano mientras con la otra suben un mensaje positivo a las redes con su café de fondo.
Las redes sociales nos han hecho levantar un poco los pies del suelo, contemplar el mundo desde unos ojos que a veces parece que no son los nuestros. Mi impresión es que pretendemos dar una imagen de nosotros mismos de personas totalmente felices, motivadas, ilusionadas por todo... y eso no es creíble.
Lo importante en la vida no es ser feliz, si no ser realista. Adaptarse a las situaciones que vamos viviendo con las emociones adecuadas, aprender a reconocerlas, gestionarlas y expresarlas de manera natural.
Si dulcificamos todo, corremos el riesgo de no ser capaces de reconocer y actuar en situaciones de tristeza, miedo o ira y con ello, nuestra conducta social física podría pasar por extraña, rara o excéntrica en el mejor de los casos.
(Para los que estén pensando: aquí viene el tío que más usa las redes sociales a contarnos bobadas; si, no me excluyo, la autocrítica nunca es una enemiga)
Sonriamos, lloremos y gritemos, a su debido tiempo. La mejor forma de vivir es sintiéndonos vivos.
Lo importante en la vida no es ser feliz, si no ser realista. Adaptarse a las situaciones que vamos viviendo con las emociones adecuadas, aprender a reconocerlas, gestionarlas y expresarlas de manera natural.
Si dulcificamos todo, corremos el riesgo de no ser capaces de reconocer y actuar en situaciones de tristeza, miedo o ira y con ello, nuestra conducta social física podría pasar por extraña, rara o excéntrica en el mejor de los casos.
(Para los que estén pensando: aquí viene el tío que más usa las redes sociales a contarnos bobadas; si, no me excluyo, la autocrítica nunca es una enemiga)
Sonriamos, lloremos y gritemos, a su debido tiempo. La mejor forma de vivir es sintiéndonos vivos.
martes, 6 de septiembre de 2016
Tiempo de política
Y la política entró en nuestras casas como nunca; resulta que todos queríamos opinar, que la situación de este país nos estaba desbordando, y nos estábamos cansando por encima de sus posibilidades.
Decidimos, allá por 2011 que nos interesaba lo que pasaba con nuestro dinero, lo que se hacía con el. El surgimiento del 15-M removió nuestras conciencias, y la fundación de un nuevo partido que subía como la espuma llamado Podemos originaba esperanza y desconcierto a partes iguales en la población.
Cientos de casos de corrupción, el enfado de un país sumiso harto de la pasividad política, hicieron que los españoles maduraran políticamente (a pesar de que a unos cuantos, no sé la razón, no les gusta que el resto opinen si no tienen el grado en ciencias políticas o en económicas)
La política se convirtió durante mucho tiempo en el tema central en cualquier corrillo, de todas las edades y de todas las clases. Pero cuando las cosas se alargan tanto y el tema se desgasta... las personas se cansan.
Y así, dos procesos electorales después, y a las puertas de un tercero, a la gente ya le da igual, si gobierna uno, el otro, el que tira a la moderación, el extremista, el independentista, el azul, el morado o el amarillo fosforito. Porque la percepción de la población es que el saco es el mismo, simplemente se ha hecho más grande, y aquellas sonrisas y esperanzas, se han convertido hoy en indiferencia.
Voy a ser claro; en las primeras elecciones voté ilusionado por primera vez, y no hubo respuesta por parte de los representantes a los que elegimos democráticamente. Entendí que al no haber acuerdo, podíamos ir a unas segundas elecciones aunque no me parecía lo justo, pero volví a votar, y a pesar de la decepción (personal) de los segundos resultados, España respondió otra vez. Señores, a los ciudadanos no les pueden pedir que trabajen más. Lo que hay es lo que hay, y ya no se trata de ceder, de coger el bastón de mando, de ser vicepresi o ministro de no se qué; lo que se quería era la pluralidad, el mapa de colores, y ahí está, y no saben qué hacer con el, tienen las piezas, pero ver el puzzle terminado no les compensa a ninguno, y a todos ya nos empieza a dar igual; total, el desgobierno no ha paralizado el país (cuidado con ésto, igual la gente se ve mejor sin gobierno y la idea de una anarquía deja de ser una locura)
¿Terceras elecciones? Estupendo, pero con, absolutamente, todos representantes nuevos. Si nadie se pone de acuerdo, que lo intenten otros, que sean otras personas las que pacten y lo intenten. Si no, corren el riesgo de que los españoles dejemos de creer en esta democracia... una vez más.
Decidimos, allá por 2011 que nos interesaba lo que pasaba con nuestro dinero, lo que se hacía con el. El surgimiento del 15-M removió nuestras conciencias, y la fundación de un nuevo partido que subía como la espuma llamado Podemos originaba esperanza y desconcierto a partes iguales en la población.
Cientos de casos de corrupción, el enfado de un país sumiso harto de la pasividad política, hicieron que los españoles maduraran políticamente (a pesar de que a unos cuantos, no sé la razón, no les gusta que el resto opinen si no tienen el grado en ciencias políticas o en económicas)
La política se convirtió durante mucho tiempo en el tema central en cualquier corrillo, de todas las edades y de todas las clases. Pero cuando las cosas se alargan tanto y el tema se desgasta... las personas se cansan.
Y así, dos procesos electorales después, y a las puertas de un tercero, a la gente ya le da igual, si gobierna uno, el otro, el que tira a la moderación, el extremista, el independentista, el azul, el morado o el amarillo fosforito. Porque la percepción de la población es que el saco es el mismo, simplemente se ha hecho más grande, y aquellas sonrisas y esperanzas, se han convertido hoy en indiferencia.
Voy a ser claro; en las primeras elecciones voté ilusionado por primera vez, y no hubo respuesta por parte de los representantes a los que elegimos democráticamente. Entendí que al no haber acuerdo, podíamos ir a unas segundas elecciones aunque no me parecía lo justo, pero volví a votar, y a pesar de la decepción (personal) de los segundos resultados, España respondió otra vez. Señores, a los ciudadanos no les pueden pedir que trabajen más. Lo que hay es lo que hay, y ya no se trata de ceder, de coger el bastón de mando, de ser vicepresi o ministro de no se qué; lo que se quería era la pluralidad, el mapa de colores, y ahí está, y no saben qué hacer con el, tienen las piezas, pero ver el puzzle terminado no les compensa a ninguno, y a todos ya nos empieza a dar igual; total, el desgobierno no ha paralizado el país (cuidado con ésto, igual la gente se ve mejor sin gobierno y la idea de una anarquía deja de ser una locura)
¿Terceras elecciones? Estupendo, pero con, absolutamente, todos representantes nuevos. Si nadie se pone de acuerdo, que lo intenten otros, que sean otras personas las que pacten y lo intenten. Si no, corren el riesgo de que los españoles dejemos de creer en esta democracia... una vez más.
miércoles, 17 de agosto de 2016
Los Juegos Morbolímpicos
La belleza de las mujeres, los círculos en el cuerpo de Phelps, el misterioso color verde de una piscina, los besos gais, la ropa apretada, las celebraciones particulares, el ridículo que sin querer hacen algunos, las vidas secretas de algunos deportistas, las parejas ocultas-guapas-feas-del mismo sexo... de los ganadores y ganadoras...
Estos titulares son los que acaparan buena parte de la prensa en estos días de Juegos Olímpicos, donde el verdadero sentido de deportividad, esfuerzo, competición sana, superación, lucha y entrega por llevar una medalla a tu país queda en un segundo plano si hay algo físico o privado que pueda encender otra antorcha y desmarcarte en el número de visitas.
¿Qué mas da si la persona ha estado años y años entrenando para ese momento? ¿Qué mas da su reputación si te puedes reir de alguien y con ello hacerlo viral y así tener millones de reproducciones en tu canal? ¿Qué mas da las familias de esas personas?
Total, el mundo ya no se alimenta de honores y verdades, si no sólo de impactos momentáneos, de vídeos de unos segundos que corran como la pólvora, de risas a veces sin sentido, de carne podrida.
El deporte ya no se alimenta de deporte.
Y yo no se si el fin justifica los medios, sólo se que los medios parecen no tener un (buen) fin.
Estos titulares son los que acaparan buena parte de la prensa en estos días de Juegos Olímpicos, donde el verdadero sentido de deportividad, esfuerzo, competición sana, superación, lucha y entrega por llevar una medalla a tu país queda en un segundo plano si hay algo físico o privado que pueda encender otra antorcha y desmarcarte en el número de visitas.
¿Qué mas da si la persona ha estado años y años entrenando para ese momento? ¿Qué mas da su reputación si te puedes reir de alguien y con ello hacerlo viral y así tener millones de reproducciones en tu canal? ¿Qué mas da las familias de esas personas?
Total, el mundo ya no se alimenta de honores y verdades, si no sólo de impactos momentáneos, de vídeos de unos segundos que corran como la pólvora, de risas a veces sin sentido, de carne podrida.
El deporte ya no se alimenta de deporte.
Y yo no se si el fin justifica los medios, sólo se que los medios parecen no tener un (buen) fin.
sábado, 6 de agosto de 2016
Miembras, lenguaje y género
"Todas las enfermeras están amargadas, y todos los conductores de autobús son unos bordes".
Aparte de la absurda generalidad de esta frase, quiero resaltar otra cosa importante que casi todos obviamos: el género del colectivo al que nos referimos cambia en función de la profesión. Las enfermeras, los conductores, las amas de casa, los ingenieros, las cuidadoras.
La sexualidad en el lenguaje nos define culturalmente, nos delata, y mantiene un lastre en la espalda que parece que no terminamos de soltar.
Es cierto que cambiar de un día para otro todo un idioma (y más el castellano) en cuanto a igualdad es complicado, y de hecho puede llevarnos a cometer errores, pero es importante que hagamos porque cambie, que la evolución lingüística no la hace el viento, sino las personas.
Cuando entendemos que el lenguaje y el pensamiento van agarrados con fuerza de la mano, hay que pensar para hablar, y pensar lo que se habla. Porque la cultura lingüística no sólo nos lleva a llamar en masculino o femenino a un colectivo por inercia, sino que nos encontramos infinidad de ejemplos en los que las palabras dicen más de lo que parece, y ponen a la sociedad en evidencia. Fíjate en la niña de tu mejor amigo que viene por ahí, "¡Oh!, que princesita, y mira su hermano, está ya todo hecho un campeón". ¿A nadie le chirría esta frase? ¿En serio?
¿Recordáis cuando Bibiana Aído pronunció la frase "miembros y miembras", y en España se alzaron las grandes voces del "ven pa' acá" a reirse por querer cambiar el idioma? Señores, cambiar el idioma es lo natural, el lenguaje está en constante evolución. Algunos decían que había cosas más importantes de las que preocuparse que por el género de una palabra, y yo creo que tienen razón, pero también hay cosas menos importantes de las que se habla más, y no veo por qué este tema no puede ser debatible. O qué pasa, ¿nuestro idioma sólo es objeto de noticia cuando no lo hablan en Cataluña o en País Vasco? Qué triste cuando algo es de interés por su ausencia en vez de por su presencia.
No se trata de poner una @ en todas las palabras a partir de hoy, ni de obligarnos a pensar en género neutro, pero sí hay que reflexionar sobre la capacidad de las palabras para mantener prejuicios; la capacidad que el lenguaje tiene sobre nosotros, sobre nuestra vida diaria y el mantenimiento en el tiempo de pensamientos y conductas. Debemos conceder a la metalingüística un valor que a día de hoy sigue provocando risas.
A ver si progresa la gran idea de que todos aprendamos Esperanto, y creamos un idioma que refleje un ser humano loable.
jueves, 4 de agosto de 2016
No os quejéis
¡No te quejes, al menos tienes trabajo! La persona que patentó esta frase tiene que estar forrada.
Estamos tan acostumbrados a escucharla, que nos resignamos a contestar: pues si, al menos cobro un sueldo.
La sociedad nos enseña a pensar que siempre hay alguien peor, alguien que lo pasa peor que nosotros en todos los sentidos, y entonces así conformarnos con lo que nos rodea sin rechistar, sin agitar el puño, enmudeciendo ante las injusticias, las nuestras y las de otros. Maldito miedo, que es el agente más opresor que existe.
Recordad que siempre hay alguien peor, pero recordad que siempre hay alguien que lo está pasando mejor; y curiosamente son esos que esparcen el "hay alguien peor" los que viven mejor.
Estos días nos levantábamos con la noticia de que el paro ha bajado una barbaridad y las cotizaciones a la seguridad social han subido. Enhorabuena España, ya tienes lo que querías, que el numerito dejase de ser alarmantemente preocupante y se noten "los brotes verdes". Joder con los brotes, va a crecer una planta carnívora.
¿De qué nos alegramos si la mayor parte de los contratos son en el sector servicios, lo que viene siendo hostelería en temporada de verano?. Es decir: contratos temporales, medias jornadas, sueldos irrisorios, condiciones abusivas, explotación veraniega e infinidad horaria. De qué nos sirve crear empleo si solo hacemos valer nuestro país para servir paellas a los extranjeros (¡ojo!, los "buenos", los que se dejan la pasta en los chiringuitos y se ponen colorados, no queremos a esos del este (al menos como clientela), no sea que se llene esto de chusma).
Y si, es muy digno llevar una bandeja en la mano, no hay trabajo en el que se deba tener más paciencia en el mundo (la experiencia me lo dice), pero cuando se es válido para ello y con unas condiciones laborales que reflejen lo que se trabaja.
España, que no, que las cosas no se hacen así. Basta de contratos de formación sin remuneración o con una remuneración que no da ni para una botella de agua con la que sofocar este mal trago.
Todos los medios de comunicación abrían con la feliz noticia de un Julio como hacía muchos años, un dato próspero para la economía y el sistema público, y después, en bajito (si lo contaban), presentaban el tipo de contratos y las condiciones. Cuando se nos presentan diferentes canales de información a la vez, la atención, una de las habilidades cognitivas, se divide, y tendemos a quedarnos con la más relevante, la de más interés o la que más resalte. ¿Con cual de las dos nos quedaremos, la que abre el informativo con una música bien alta de fondo y un titular claro, o la que se cuenta a mitad de programa como un secundario pasajero?. Todo culpa de la atención dividida; es lo que en psicología llamamos una putada.
Pero no os quejéis, al menos tenéis cerebro.
Estamos tan acostumbrados a escucharla, que nos resignamos a contestar: pues si, al menos cobro un sueldo.
La sociedad nos enseña a pensar que siempre hay alguien peor, alguien que lo pasa peor que nosotros en todos los sentidos, y entonces así conformarnos con lo que nos rodea sin rechistar, sin agitar el puño, enmudeciendo ante las injusticias, las nuestras y las de otros. Maldito miedo, que es el agente más opresor que existe.
Recordad que siempre hay alguien peor, pero recordad que siempre hay alguien que lo está pasando mejor; y curiosamente son esos que esparcen el "hay alguien peor" los que viven mejor.
Estos días nos levantábamos con la noticia de que el paro ha bajado una barbaridad y las cotizaciones a la seguridad social han subido. Enhorabuena España, ya tienes lo que querías, que el numerito dejase de ser alarmantemente preocupante y se noten "los brotes verdes". Joder con los brotes, va a crecer una planta carnívora.
¿De qué nos alegramos si la mayor parte de los contratos son en el sector servicios, lo que viene siendo hostelería en temporada de verano?. Es decir: contratos temporales, medias jornadas, sueldos irrisorios, condiciones abusivas, explotación veraniega e infinidad horaria. De qué nos sirve crear empleo si solo hacemos valer nuestro país para servir paellas a los extranjeros (¡ojo!, los "buenos", los que se dejan la pasta en los chiringuitos y se ponen colorados, no queremos a esos del este (al menos como clientela), no sea que se llene esto de chusma).
Y si, es muy digno llevar una bandeja en la mano, no hay trabajo en el que se deba tener más paciencia en el mundo (la experiencia me lo dice), pero cuando se es válido para ello y con unas condiciones laborales que reflejen lo que se trabaja.
España, que no, que las cosas no se hacen así. Basta de contratos de formación sin remuneración o con una remuneración que no da ni para una botella de agua con la que sofocar este mal trago.
Todos los medios de comunicación abrían con la feliz noticia de un Julio como hacía muchos años, un dato próspero para la economía y el sistema público, y después, en bajito (si lo contaban), presentaban el tipo de contratos y las condiciones. Cuando se nos presentan diferentes canales de información a la vez, la atención, una de las habilidades cognitivas, se divide, y tendemos a quedarnos con la más relevante, la de más interés o la que más resalte. ¿Con cual de las dos nos quedaremos, la que abre el informativo con una música bien alta de fondo y un titular claro, o la que se cuenta a mitad de programa como un secundario pasajero?. Todo culpa de la atención dividida; es lo que en psicología llamamos una putada.
Pero no os quejéis, al menos tenéis cerebro.
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